Parte III
La parte II de los anales de los últimos años, se detuvo en el cuarto año, el cual quiero retomar a continuación, ya que fue en verdad un año especial. Cada una de tus fotografías inmortalizadas en plata, tallaban fuerte en mi memoria, cada una de sus fotografías dinámicas y transcientes repercuten hasta hoy y muchas llegarán hasta que La Diosa tome de mi mano. Ese fue el año en que apareció tanta fauna en extinción, oculta al ojo común, pero felizmente no a la de un criptohumanista algo experimentado a causa de los dolores, colapsos, choques y desilusiones anteriores. Este fue definitivamente el año de Crescente, personaje transciente al igual que la dinámica del año, cambiante e insoluble al caminar por planos ininteligibles, siempre fue lúdico mirar alrededor tratando de encontrar la faceta o el disfraz de Crescente ese día. Después, los años surtieron efecto, los hados y cambios en el aire y como un árbol en otoño, los vientos, desde Boreas a Céfiro, arrastraron las hojas de sus disfraces, destiñendo su piel bronceada y su cabello chocolate, haciendo brillar sus celestes ojos y piel de marfil, conociendo por primera vez al verdadero Crescente.
Volviendo a lo académico, mi catadura moral se puso a prueba al enfrentarme al curso de Laboratorio de Procesos I con dos personas que a pesar de que mis dedos no resisten nombrar, no lo haré- incapaces de hacer un trabajo satisfactorio, Germán (Meni) fue el único apoyo en este curso y lo cual fue afortunado, ya que si hubiera sido de esta manera, el segundo semestre no hubiera conocido a las dos nuevas miembros del grupo, Maureen y Paula, esta última, definitivamente el descubrimiento académico del año.
En uno de esos días, nublado y mortecino, de cuando estos lares eran menos poblados, conocí a Pablito Cosialls, entre todas las aventuras de los primeros y oníricos meses, entre cine arte y contracturas musculares, los segundos de las latitudes nos distanciaron cinco kilómetros geográficamente mas varios pársecs en nuestros corazones. Las peleas y reconciliaciones ya han sido tema de extensos Journals anteriores. Lo importante ahora, es que de nuevo cruzamos una epoca de primavera, primavera sagrada, que al igual que los antiguos romanos, estamos naciendo de nuevo, creando leyendas, porque ya no necesitamos las historias anteriores, porque en medio de la sagrada primavera los segundos son infinitos y los mitos nacen explosivos de las frases inconclusas y las canciones prístinas.
Ahora bien, quería evitar este párrafo, sabiendo que se acercaba rauda e inevitablemente; También fue este el año que conocí a Alexander, este fue el momento en que comenzaron mis errores y malas jugadas, en una epoca en que mi metaestabilidad emocional bordeaba lo espinodal, todas estas historias me hicieron oscilar más aún en mis inflexiones locales y virtuales, siempre teniendo la posibilidad de encontrar mi mínimo sin querer verlo. Ya muchas de las cosas que pasaron están entre los secretos de nuestras almas, ocultos y velados, enterrados y aún dolorosos, oscuros pero extrañamente presentes.
Parte II
Mas ahora, me doy cuenta de que ese segundo año, de pocos cursos y sorpresas, fue el que decidió mi futuro y me formó como soy ahora. Ese fue el año en que, como mi buen patrocinante dijo: sin requisitos ni conocimientos, afronté la temida Termodinámica de procesos I y por tanto, conocí a mi hoy amigo y patrocinarte, Hugo Segura. En el verano, como ya lo había dicho solía vagar con Pepa Tardón, con la que después, en el transcurso del año continúe, ya no vagando si no estudiando. Y así, comenzó el tercer año de universidad, está vez con una carga académica mucho mayor que la anterior.
En el tercer año, ya El Trío andaba cohesionado por el mundo y mi vida universitaria se estabilizó bastante. De esta manera, me dediqué tiempo para definirme como persona y desarrollarme extraacadémicamente. Ese año definitivamente lance mi arte al mundo abriendo
www . QuinterosLama . com la cual, sin publicidad, tuvo más de 20 000 visitas en lo que duro su vida. Ese año también significó una reestructuración de todo lo que antes había sido mi actual ante el mundo, esto se debió a la colisión llena de pirotecnia e historias- de Javier en mi vida, llegando de una manera extraña, quizás al principio, por qué no decirlo, algo invasiva, para finalmente convertirse en parte fundamental de toda la estructura -catenaria y arbotante- de mi vida.
Ese mismo año, Daniela, ya convertida en una de las estudiantes de ingeniería química más prominentes de su generación, comenzó una relación con un personaje peculiar. Otro estudiante, algo mayor, el cual era el flamante profesor ayudante de Cálculo Numérico. Este estructurado personaje, de radiante amarillo y pelo largo entró así al grupo, sin saber que sería él quien causaría un cambio rotundo en los paradigmas, siempre dinámicos, de cada uno de nosotros.
Entró en cuarto año, y no hubo novedades, sólo algunas desavenencias menores. Cuando entramos en estas historias, no había nombrado a propósito a Maureen, ya que ella sólo hasta este año comenzó a ser importante. Si bien ya era muy amiga de Pepa y Daniela, no poseía mayor relación conmigo. Finalmente, los avatares hicieron que mis caminos se cruzaran y colisionaran con una persona cuya importancia no me di cuenta si no años después, ya cuando los hados habían hecho su trabajo inevitable.
Continuará
Parte I
Entre marihuana y tequila, como dijo el gran Asimov, me pasaré raudo por las historias. Historias que las cascadas de las memorias que aún me quedan radiantes, no han logrado opacar a las estrellas moribundas de los recuerdos inconclusos. Tantas historias en los últimos seis años, tantas pasiones, tanto que recordar y tanto que olvidar. Cada cosa que viví la agradezco, cada una me formó y me hizo lo que soy. El paso del tiempo, cuya pisada me hace temblar, los bailes y Oros, los apogeos y plenitudes, las tristezas y la ira, me sorprenden cada día. Porque aprendí a disfrutar cada una de ellas, desde el alba al ocaso del día, cuando los objetivos cambian y ahora, hay cosas que parecen menos importantes.
Siempre devoto a lo que cierta dama me mostró, ya dieciséis años atrás, me sentí insoluble en mi educación, tan católica, apostólica y romana. La cual, me hizo redefinir también el concepto y agradecer más aún mi insolubilidad hacia esa religión de miedo y egoísmo. En los años de oscurantismo de mi primaria y secundaria, sintiéndome como Alanus, bajo la sombra ominosa de un arco arbotante. Comencé, con candela en mano mi Opus -siempre oscuro y místico- entre la ciencia y los secretos humanos. Hice amigos atrasados, de las más extrañas latitudes. Muchos de mis amigos en esa epoca también vivían en el futuro, felizmente para mí, sólo unas pocas horas. Así pasó, sin mucha gloria aparente los primeros diecisiete años de mi vida, visitando sólo de vez en cuando Avalón, especialmente cuando la sonrisa de Matías, me sorprendía a través del vidrio esperándome para unos cafés, de esos que amaba en mi niñez, algo dulces, con toques de especias y una delgada capa de crema decorada pretenciosamente, queriendo estar más en la Place di Spagna, que rodeado del anaranjado aire Pencopolitano.
La epoca universitaria fue feliz y tranquila, mas llena de historias. Tampoco estuvo alejada de arrepentimientos. Recuerdo como hoy, el primer día de clases, levantándome mientras despuntaba el alba y llegando algo temprano a la universidad, a las aulas, esas que se encuentran casi al llegar a los cerros. Feliz me sentí en ese momento, al darme cuenta, que no había sido el único cuyo desfase temporal había llevado a transitar por el mortecino aire de la Alma Mater de las 7 am. Oscar, chico de Los Ángeles, baste simpático fue el primer compañero de carrera al que conocí. Siempre prefiriendo la dualidad de los pinceles pintando ciencia y mis amigos extra académicos, me llevó a no hacer grandes amistades con mis compañeros de carrera el primer año. También influyó en todo, que entré a la universidad con dos grandes amigos, Maco y Pablo, los cuales eran mis compañías permanentes el primer año. Adicionalmente, uno de sus amigos, Fernando, estaba de novio con una chica, callada y algo tímida -estudiante de enfermería- llamada Daniela.
Siguiendo los anales, el segundo año del tránsito universitario fue extraño, y no puedo recordar nada de importancia real hasta el verano del siguiente, interesante encuentro se efecto cuando tomé Cálculo III, en un curso de verano y conocí a Pepa Tardón, en ese tiempo designada como Coté. Los avatares del destino también hicieron darse cuenta a Daniela, la estudiante de enfermería, que su destino era otro y sorpresa mía fue cuando la vi sentada en una clase de ingeniería. A pesar de no tener mayor relación con ella, pero bueno, era amiga de Maco, de esta manera, siempre estaba a un asiento de distancia.
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